
Las antiguas culturas estuvieron empapadas de un misticismo especial, de un respeto a la naturaleza y a todo lo creado. De un respeto al padre y a la madre, al sacerdote y a los ancianos. Su diario vivir estaba relacionado con una visión cosmológica donde todo estaba insertado como en un organismo perfecto.
Los Vedas, el conocimiento es para todosDe esta manera, así como no podemos decir que el aire es el derecho de un solo pueblo, o los rayos del sol, o los cereales del campo; del mismo modo no podemos decir que los Vedas son sólo para cierto grupo étnico. La verdad y el saber son para todos. Dos más dos son cuatro para todos los pueblos y tiempos. Sin embargo no faltan las personas con espíritu provinciano que tratan de adueñarse de la verdad y de administrarla a su gusto y gana, pero eso es tan absurdo como pretender guardar una canción en una caja. La verdad sólo pertenece a quienes la buscan con sinceridad, no pertenece a ninguna institución ni iglesia, ni a los científicos pragmáticos. Existe desde siempre, junto con la creación del hombre, así como el aire.
Con estas palabras nos acercamos a definir la finalidad de este trabajo, que es probar que nuestras raíces vienen de la India, pero no olvidemos que India no posee cultura ninguna sino que pertenece a una cultura de origen divino, que Dios reveló para todos los hombres.
Debemos entender que la cultura vaisnava es la natural para cada pueblo y región, porque respeta todas las tradiciones de los distintos pueblos y al mismo tiempo enriquece su espíritu.
En un principio el mundo entero estaba regido bajo una cultura, la impartida por los Vedas, y todo este planeta era llamado Bharata, que es el mismo nombre que hasta hoy tiene la India. En los textos de matemática Védicos encontramos el teorema de Pitágoras, el número ‘pi,’ álgebra, logaritmos, fórmulas para resolver mediante cálculo mental, etc.
En todos los campos del conocimiento podremos encontrar que sus bases están en India, o mejor dicho, en los Vedas, libros de conocimiento que no son propiedad de un país o pueblo, sino que forman parte del patrimonio científico y cultural del universo.
Oriente, cuna de toda culturaOriente, y en particular India con sus Vedas, es la cuna de toda la cultura. Si analizamos en forma objetiva no podremos más que llegar a esta conclusión, y si esto es así, podremos obtener enorme beneficio al acercarnos a madre Veda, ya sin la actitud de estarnos dirigiendo a alguien extraño, sino a nuestro familiar más benévolo y cercano, y podremos beber la leche de su sabiduría.
En los Vedas encontraremos los aspectos más refinados de arte, cocina, vestimenta, música, ciencia, etc., en realidad, de todos los ámbitos de la vida humana, no sólo para complacer los sentidos, sino para transmitir paz y armonía a nuestra conciencia, fin para el cual también se practicó una muy sofisticada arquitectura, no sólo en la construcción de templos sino también de viviendas.
Es importante por otro lado admitir que los habitantes originales de América, a pesar de provenir de las sabias tierras de Oriente, no trajeron en su época lo mejor de ellas, es decir, el cultivo de una vida espiritual más elevada; no se dedicaron con mayor profundidad al cultivo de una vida espiritual centrada en el desarrollo del amor por Dios, lo cual es la meta más alta y real de la vida.
Su cultura y veneración se dirigió más a la adoración de dioses menores, y su preocupación se orientó más al desarrollo material y económico, que a una seria búsqueda de nuestra alma y de nuestra relación pura y amorosa con Dios. Si esta preocupación no figura como un aspecto fundamental en un grupo social, todo su cuerpo, debido a un corazón impuro, va a decaer a un nivel de despotismos, ambiciones, juegos políticos y diplomacias, que llevan a los pueblos a guerras fratricidas y se vuelven fácil presa de ataques externos.
La historia, más que limitarse a ser un mero repaso de hechos pasados, debe dejarnos una lección de valioso aprendizaje. Las distintas culturas del mundo nos muestran que tuvieron un crecimiento natural, pero luego se envanecieron, se volvieron materialistas y déspotas, y al alejarse de los principios divinos, sufrieron su decadencia. Fenómeno que con claridad vivimos en estos días.
Srila Atulananda Acarya
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